Más que volver a casa: 5 lecciones sobre resiliencia y sororidad de la Red de Mujeres Colombianas Retornadas
Cruzar la frontera de regreso, con la maleta llena de expectativas, suele verse como el final del camino. Sin embargo, para muchas personas retornadas, el “hogar” también trae una carga invisible: la falta de redes de apoyo y la necesidad urgente de cuidados. Volver no es solo regresar a un lugar; es atravesar un proceso complejo de adaptación, donde muchas veces el tejido emocional llega frágil o desgastado.
Desde Corporación Dejando Huellas con Calor Humano (CorHuellas) hemos acompañado la consolidación de la Red de Mujeres Colombianas Retornadas, un espacio donde las mujeres que han regresado al país se encuentran, comparten experiencias y construyen soluciones colectivas.
A partir de este proceso, identificamos cinco aprendizajes clave sobre cómo el apoyo comunitario fortalece la resiliencia y la autonomía de las mujeres retornadas.
- El retorno tiene un fuerte impacto en las mujeres
Las mujeres que regresan al país enfrentan múltiples responsabilidades. Además de buscar oportunidades laborales o fuentes de ingreso, también cumplen varios roles dentro de sus hogares: son madres, esposas, hijas, administradoras del hogar y principales cuidadoras de niños, niñas, adolescentes adultos mayores y personas en condición de discapacidad.
Estas responsabilidades suelen limitar el tiempo disponible para estudiar, trabajar o desarrollar proyectos personales. Reconocer estas realidades es fundamental para construir estrategias que permitan una participación más justa y sostenible.
- Sanar en voz alta mediante los «Círculos de Palabra»
Frente a las cicatrices del desplazamiento y la migración, la Red utiliza la metodología de los Círculos de palabra y escucha activa. Estos espacios fortalecen la confianza, el apoyo mutuo y el sentido de comunidad, convirtiéndose en una herramienta importante para el bienestar emocional.
Este proceso de acompañamiento psicosocial permite comprender y afrontar las emociones que deja la experiencia migratoria, al tiempo que fortalece las relaciones de apoyo entre las participantes, creando un entorno donde la vulnerabilidad se reconoce y se transforma en fortaleza. Como bien define el proyecto su esencia:
«La Red se consolida como un espacio seguro de escucha, sanación emocional y construcción de sororidad.»
- Emprender desde los saberes propios
Una de las estrategias más efectivas para fortalecer la autonomía económica ha sido reconocer y valorar los conocimientos que las mujeres ya poseen.
En la Red, las participantes han transformado sus saberes culinarios en iniciativas productivas, La preparación y venta de sancocho, hayacas, mute, masato, avena y arroz mixto no son solo estrategias de supervivencia. Son ejercicios de autogestión que vinculan la identidad con la independencia financiera. Al emprender desde lo que «saben hacer», las mujeres recuperan el control sobre sus proyectos de vida mientras preservan el patrimonio gastronómico.
- Los obstáculos invisibles: Confianza y logística
El éxito de la reintegración no depende exclusivamente de la entrega de capital semilla. Existen barreras inmateriales que pueden paralizar un proyecto social, como el miedo a hablar en público o la inseguridad personal. La falta de una programación clara y cronogramas definidos son obstáculos tan reales como la falta de dinero.
Para una mujer que gestiona múltiples cuidados, la claridad logística es una forma de respeto a su tiempo y a su dignidad. Por ello, el fortalecimiento de la confianza personal y la comunicación asertiva son pilares tan vitales como la formación técnica. Sin seguridad interna, no hay emprendimiento que logre sostenerse frente a las presiones del entorno.
- De participantes a líderes comunitarias
La sostenibilidad del modelo de CorHuellas radica en la formación de mujeres multiplicadoras. Este proceso va más allá de la prevención de Violencias Basadas en Género (VBG); transforma a las participantes en auténticas navegadoras de las rutas de atención institucional. Ellas dejan de ser receptoras de ayuda para convertirse en líderes que guían a otras en el complejo acceso a derechos.
Este nivel de formación ciudadana y comunitaria garantiza que la Red no dependa de actores externos para mantenerse en el tiempo. Al dominar el lenguaje de las instituciones y conocer los mecanismos de protección, las mujeres se convierten en agentes de cambio territorial, asegurando que el conocimiento circule y proteja a las nuevas integrantes de la comunidad retornada de manera autónoma.
Conclusión: Una red que sostiene el futuro
La Red de Mujeres Colombianas Retornadas nos enseña que volver a casa es, en realidad, un acto de co-creación. A través de la sororidad y el apoyo integral, es posible transformar las experiencias difíciles en una oportunidad de liderazgo y bienestar. No se trata solo de adaptarse nuevamente al país, sino de florecer en el territorio al que se ha vuelto.
En un continente definido por flujos migratorios constantes, cabe preguntarnos: ¿Qué papel estamos dispuestos a jugar desde nuestras comunidades para que las redes de apoyo dejen de ser un esfuerzo aislado y se conviertan en la base de nuestro tejido social?